CUARTA PARTE


El pequeño grano, tenía una curiosidad en visitar a otros como él, pues sentía que su vida no era nada interesante, y muy vacía, así que esperaba encontrar una respuesta a su existencia. ¿El por qué estaba en este mundo? En el camino, un joven frijol, al conocer lo que aquel pretendía, lo acompaño en su recorrido, luego, más allá, unas verdes semillas, de guisantes, se les unieron, y de esa forma, cuando el diminuto grano de arroz, se dio cuenta, el grupo había crecido, entre tomatines, pepino, maíz; incluso, las obesa semilla de zapote, y de aguacate, y los pequeños tubérculos, como la yuquita, el ñame, la papa, el camote, y muchos amiguitos más. Marcelino, escuchaba con suma atención e interés, cada palabra que salían de los secos labios de su abuelo, pues no deseaba interrumpir el recorrido del granito de arroz.

             De pronto, se dio cuenta, que no sólo las diferentes semillas de hortalizas conocidas en Nicaragua, sino también de cada uno de los países que iban cruzándose con él, se les unían en tal curiosa travesía. Por ello, se fue enterando de los nuevos tipos y variedad de verduras y frutas, pero además, que todos compartían su misma inquietud, y por tanto, coincidieron en caminar todos juntos aquella gran cruzada.
Cuando, hubieron viajado hasta el último rincón de los diferentes lugares, y no habían dejado ninguna zona por conocer, con tristeza se percataron que aún no habían logrado obtener la respuesta que tanto buscaban, por lo que decidieron retornar a sus respectivos países, no sin antes realizar una fiesta de despedida, por lo que cada uno deseaba que se efectuara en su propio país de origen, y al no llegarse a ningún acuerdo, se disgustaron y se separaron.

             Triste, el granito de arroz, con sus amiguitos nicaragüenses, volvieron a casa, y como se habían propuesto anteriormente, desearon realizar la fiesta de despedida, pero al igual que antes había sucedido, algunos deseaban que fuera en su propio terreno, por lo que finalmente, los hizo separarse. Cuando aquel diminuto arroz, llegó a su casa, le comentó a sus padres, todo lo que había visto y escuchado en su viaje. Pero, con infortunio, les dijo que lo más importante no lo había podido lograr, que era responder la tan anhelada pregunta que llenara su vida. ¿El Por qué estaba en este mundo? Entonces, su padre, le dijo que por un momento mirará a los niños que descalzos, pero sonrientes, degustaban con sus manitos, un buen puño de arroz blanco, que les habían servido en un plato costroso,  sin que ninguno de ellos  desperdiciara un solo grano. El papá le dijo al arrocito, que gracias a él, y a las demás verduras, esos niños algún día crecerían fuertes, y se convertirían en hombres y mujeres de bien para su patria.

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